lunes, 19 de septiembre de 2016

Viaje a Sicilia (I)


Ya hemos vuelto de nuestro viaje a Sicilia, siete noches y ocho días dando vueltas por la isla en nuestro coche alquilado, una experiencia intensa de verdad, así que aquí me pongo a contarlo porque mucha gente me ha preguntado cómo es aquello, y cómo resulta esa fórmula de viaje que está poniéndose de moda, los paquetes fly&drive.

El fly&drive consiste en que el mayorista te vende los billetes de avión, el alquiler del coche y las noches de hoteles, y tú ya si eso te las apañas para sobrevivir y verlo todo. He visto anunciada esta fórmula para Escocia, Islandia, Croacia y para otros destinos, normalmente suele durar una semana. Ventajas: tienes total autonomía para desplazarte y organizar tus días, comer donde quieras o quedarte más rato en la cama, los hoteles ya están elegidos y son de buen nivel (salvo uno del que ya hablaré), y el precio es muy bueno. Desventajas: esa misma libertad es una fuente de estrés, quieres verlo todo y no perderte nada y necesitas una tarea previa de planeamiento y estudio de guías. La libertad es relativa porque tienes que hacer el viaje en el orden marcado y durmiendo en las ciudades contratadas, a veces te apetecería alterar el plan y no es posible.

Por mi parte voy a enviar al mayorista dos sugerencias: que incluya un itinerario recomendado con las cosas que hay que ver, y que quite un hotel del paquete y lo cambie por otro, ya se lo pedí antes de salir por las bajas puntuaciones de Booking, pero no me hicieron caso.

Sicilia es una isla maravillosa y siempre sorprendente, hay ruinas griegas y romanas para aburrir (los templos griegos mejor conservados, aunque los mejores anfiteatros siguen siendo para nosotros los de la costa de Turquía), ciudades con esa mezcla de lo viejo y lo nuevo tan italiana, playas muy azules de arena fina y agua templada, y una gente estupenda que te acoge y te recibe como a uno más, algunos ejemplos tenemos que son para no creer.

Nuestro itinerario comenzaba con una llegada temprana a Palermo, coger en el aeropuerto el coche de Hertz (gran cola lentísima, pero nos compensaron con un upgrade de Panda a Fiat Punto), y siete noches en Palermo, Agrigento, Siracusa, Catania (2) y de nuevo Palermo (2). Entendimos, porque nadie nos lo explicó, que las dos noches finales en Palermo son para ver la ciudad con calma, y que una de las dos noches de Catania es para que te acerques a ver Taormina y subas al Etna. Renunciamos desde el principio a ver el pico sur (y la ciudad de Ragusa), pero es que la isla es muy grande, la más grande del mediterráneo, y aunque en nuestro mapa aparecía dibujada una flamante autopista que recorría todo el sur (ponía: “terminación prevista en 2013”), lo cierto es que no había ni trazas de ella, quizá otro de los misteriosos trucos de la Mafia, allí le echan la culpa de todo.

Para organizar un poco toda las cosas que me apetece contar casi empiezo hoy por unas generalidades sobre la isla, y hago luego dos artículos más, uno sobre el noroeste (Trápani) el oeste (Agrigento) y el sur (Siracusa), y otro sobre el este (Catania y Taormina) y el norte (Cefalú y Palermo). Ya sé que alguna vez he dejado coja una serie que he comenzado con tan buenos propósitos, espero que esta vez no pase.

La Gente: empezamos por lo que más nos ha impresionado, qué maravilla, qué amables, simpáticos abiertos y deseosos de ayudar, les encantan los españoles y todos han ido o quieren ir a Madrid, o tienen algún pariente o amigo allí. No exagero, ejemplos concretos: si te pierdes en una ciudad (pasa mucho), no solo te dan las indicaciones, si van en coche se salen de su ruta para que les sigas, o se montan contigo en el coche y se bajan allí. Fue exagerado en Catania, una pareja llegaba por la noche de su domingo y había encontrado sitio para aparcar, se disponían a subir al piso con los brazos llenos de trastos y cuando les preguntamos lo metieron todo de nuevo en el coche, perdieron el sitio, y nos guiaron durante más de veinte minutos por los intrincados laberintos callejeros hasta dejarnos en la misma puerta del hotel. Nos dimos muchos abrazos e intercambiamos nombres y noticias de la familia. Y otro: en Acireale no teníamos dinero suelto para pagar el ticket del ayuntamiento, se lo dijimos a la guardia, y se puso a hacer una colecta entre sus compañeros para sacarnos el ticket de la máquina, ¡dile esto a un controlador de la ORA en Madrid!.

Las calles están muy ambientadas siempre, familias endomingadas, tertulias en las terrazas de los cafés, un funeral con coche fúnebre, un cortejo de boda, críos jugando al fútbol en la plaza, escenas dignas de una película de Alberto Sordi a cada paso. En algunos pueblos disfrutamos de largos paseos simplemente viendo el ambiente y estando entre la gente.

El Idioma: a menos que sean gente del turismo no hablan mucho inglés, pero el italiano se entiende muy bien, sobre todo si eres viejo y estudiaste latín en el bachiller (es para lo único que te va a servir). Si les hablas en español harán por entenderlo, y si encima intentas chapurrear algo de italiano, les caerás bien de inmediato. 

Los Precios: todo muy barato, especialmente la comida. Muy buena pasta y pizza, claro, pero también muy buen y barato pescado por toda la isla, verduras y fruta, los mercados son dignos de ver y los cartelitos de precios te hacen retroceder diez años. Se puede comer bien en los restaurantes y trattorías por unos 15 euros. Como siempre, hay que tratar de huir de los sitios turísticos y preguntar a la gente dónde comen ellos.

Conducir: siempre se dice que conducen mal y agresivamente, pero no es cierto, lo que ocurre es que conducen en modo supervivencia. Las calles son tan caóticas y oscuras, no hay apenas semáforos, tienen que meter el morro y colarse o no pasan nunca el cruce, las motos se mueven por espacios inverosímiles, si cometes el error de ceder el paso a uno se te meterán por el hueco diez. Nos sorprendió en cambio que nadie usa el claxon, la masa de coches fluye en silencio absoluto, si alguien se cuela no le pitan, la próxima se lo harás tú. En ese ambiente pronto te haces más italiano que ellos y aprendes, y hasta disfrutas, del arte de ganar la posición. Fuera de las ciudades las carreteras son malas y mil veces parcheadas, salvo en las autopistas centrales, que están bastante bien. Capítulo aparte merecen los ascensos a las ciudades y pueblos de montaña, como Erice o Taormina, con mil curvas y viaductos sobre el abismo. En estos dos pueblos hay un funicular que te ahorrará el trago y el aparcar arriba. Orientarse no es sencillo, las calles están mal trazadas y peor conservadas y la señalización de carreteras es escasa e imprevisible, así que un consejo: llévate un TomTom o elige el coche alquilado con él, merece la pena. Si tienes que ir con el Maps del móvil aprende a bajarte las rutas del día siguiente en el wifi del hotel, realmente te salvan la vida.

La Epoca para viajar: Nosotros fuimos a mediados de septiembre, y se estaba muy bien. Había turismo pero ya no masivo, se entraba enseguida a los monumentos, se aparcaba bien en todos sitios y había mucho espacio en las playas. Imagino que Mayo y Junio serán buenas épocas también, pero en Julio y Agosto hay realmente mucha gente, y hace demasiado calor. Tuvimos días de bastante sol y tardes de fuerte tormenta.





Y vamos a dejarlo ya para el segundo capítulo, de Palermo a Siracusa, mucho que recordar y contar, a ver si me dura el entusiasmo inicial, porque vale la pena... 

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