miércoles, 28 de septiembre de 2016

Viaje a Sicilia IV. Catania y Taormina

No me veo capaz de resumir el resto del viaje en un solo artículo, así que vuelvo a saltarme los planes iniciales y a alargar la serie uno más, el último, lo prometo, que será Etna Cefalú y Palermo.

Henos aquí llegando a Catania a media tarde después de un viaje tranquilo por autopista de solo 50 kms. Agradable sorpresa el hotel seleccionado esta vez por el proveedor, el Via del Bosco Next Hotel Design, muchas expectativas nos producía un nombre tan largo e historiado, y se cumplieron. Se trata de dos antiguas villas en el centro, unidas por los jardines, decoradas en el estilo clásico que debieron de tener cuando pertenecían a pudientes familias: empapelado amarillo, muebles de estilo francés, confortables zonas comunes, un jardín muy cuidado y hasta aparcacoches (perdón, “valet para los vehículos”), qué gustazo darle las llaves y que él se encargue de todo. Sin duda por nuestro aristocrático aspecto nos asignaron la Suite Baldaccino, silenciosa y confortable, con una gran cama con cortinas alrededor, nos dispusimos a gozar de los dos días que teníamos allí contratados.

Alguien poco informado nos había dicho que Catania no tenía mucho que ver, qué bocas, es una gran ciudad con mucho patrimonio monumental, con universidad (con el ambiente que eso genera), y sobre todo con un mercado apabullante del que habíamos oído hablar mucho. Tras instalarnos en la regia habitación pedimos opinión al encargado sobre dónde cenar y nos recomendó irnos a uno de los tres pueblos costeros que hay hacia el norte: Acicastello, Acitrezza y Acireale. Queríamos llegar al último, pero visto lo mala y congestionada que estaba la carreterilla costera nos quedamos en Acicastello, y aprovechamos para ver el atardecer en el área marina protegida de las Islas Cíclopes. Decidimos darnos un homenaje en un restaurante romántico de pescado, pero no fue gran cosa, está visto que aquí lo que funciona son las trattorías populares.

Tras un lujoso sueño bajo nuestro baldaquino nos preparamos al día siguiente para otra jornada apretada, no hay que perderse nada. Objetivos: la mañana conociendo el mercado y la ciudad de Catania, la tarde para acercarnos a Taormina y Acireale, y la noche para cenar en el pueblo de pescadores de Santa María La Scala.

Al mercado, ya se sabe, hay que ir temprano, que luego te encuentras todo el pescao vendío. Habíamos leído muchas reseñas sobre el mercado callejero de Catania, pero todas se quedan cortas, digo lo mismo que con los mosaicos de Casale, esto sí que no hay que perdérselo. Las plazuelas y calles de detrás de la catedral (Plaza del Duomo) se llenan desde primera hora de puestos de pescado, carne, verduras, quesos,  venga gente color y vocerío, esto no es como la Boquería de Barcelona que está tomada por los turistas, aquí todo son señoras con la bolsa de la compra y vendedores pegando gritos, los mirones somos poquitos. Impresionante lo que ellos llaman la lonja del pescado, yo tenía el Mediterráneo por un mar casi arrasado y ya con pocos peces, pero aquí hay toneladas de pescado de muchísimas especies con una pinta estupenda, todo el género te entra por los ojos. Aquí el ama de casa solo compra pescado si lo ve no fresco, sino vivo, así que casi todo lo que se ofrece está en palanganas, cubos y tanques de agua de mar: grandes meros aún boqueando, pulpos que se tiran de la palangana y andan por el suelo, un pescatero que se ha liado a hachazos con un gran atún y lo salpica todo de sangre, grandes bandejas de almejas y coquinas que lanzan al aire sus chorritos de agua, espectáculo y autenticidad por todos sitios.

En la parte menos positiva, no parece haber control de tallas, porque ves cabrachos del tamaño de un dedo y rodaballos poco más grandes que monedas, y este mercado lo repiten todos los días, y seguro que tiran lo que no venden. ¿Hasta cuándo aguantará el Mediterráneo semejante esquilme? Pues los sicilianos llevan en ello más de 2.000 años, y no parecen tener problema.

Los puestos de carne y verduras tampoco se quedan atrás, los precios son mejores que en España, y la variedad es muy grande. Una idea que nos gustó especialmente: en los puestos de verdura te venden cebollas, berenjenas y pimientos recién asados a la brasa, con lo que te los llevas a casa y haces una escalibada o un pisto en un momento. Las alcachofas se venden ya peladas y frotadas con limón, te desganan los guisantes a mano, en fin, aquí el que no come verduras no es por pereza.

Salimos de las calles del mercado y nos dedicamos a ver el resto de la ciudad, la catedral, las iglesias, el decrépito barrio de los palacios barrocos y la mega catedral de San Nicola, una obra que merece estar en el catálogo mundial de despropósitos, concebida para ser la más grande de Sicilia a mitad de construcción comenzó a tener problemas de estabilidad y de financiación y quedó a medio hacer. Nos acercamos luego a ver la universidad, un antiguo monasterio con claustro que merece visita por el monumento en sí y por el ambiente, los estudiantes sentados por los pasillos repasando antes del examen, consultando las listas de notas, ¡ay pardillos, lo que os queda!. En los alrededores se come de maravilla y muy barato, por todos sitios te ofrecen menú estudiantil. Nos hicimos foto en la facultad de Giurisprudenza, por aquello del gremio.

En Catania tienen preciosa cerámica de Caltagirone, unas vistosas cabezas de rey y reina en versión cristianos moros o negros, de rasgos muy logrados y colores vistosos, muy decorativas. Eso en la versión cara, porque también tienen otros mucho más baratos, pero como suele pasar, mucho más feos. Luego buscamos esa cerámica en otras ciudades, y ya no era tan bonita.

Iniciando la tarde cogimos el coche y salimos para Taormina, unos 50 kms por la autopista de la costa con precioso paisaje. Taormina es una antigua ciudad subida en una peña, que tiene ese halo de haber sido residencia de verano de actores y actrices de Hollywood en la época de la Dolce Vita. Complicada subida en coche por viaductos de hormigón y mal para transitar por sus callejas, mejor optar por el funicular y luego moverse a pie. Tiene un famoso teatro grecoromano en lo más alto del risco, pero nos pareció poco conservado, eso sí, tiene la gracia de su localización y las vistas sobre toda la bahía y el Etna al fondo. Luego pasamos la tarde paseando por la larguísima calle principal, que va recorriendo todo el risco, y viendo las buenas tiendas que hay en el pueblo. Te puedes tomar un café en la maravillosa terraza del Hotel Metropole que da sobre el mar azul, y sentirte por un momento Audrey Hepburn.

A la vuelta hacia Catania paramos en Acireale, donde nos pasó el incidente con la generosa funcionaria del aparcamiento, y siguiendo otras recomendaciones de viajeros nos bajamos a nivel del mar a un pueblito de pescadores, Santa María L´Escala a cenar pescado en un restaurante presuntamente muy auténtico llamado La Grotta. No nos convenció la pinta un poco pija, y la oferta de peces eran unos sargos de tamaño dudosamente reglamentario (por uno así estuvo a punto de multarme la Guardia Civil este verano), así que probamos en La Rosa del Venti, más discreto y baratito, gran acierto. Si váis pedid una ración de cozze (mejillones), una fuente con casi dos kilos con salsa de ajo y perejil.

Llegamos tras otro largo día a nuestro estupendo hotel y nos fuimos a la cama, al dia siguiente el plan era salir hacia Cefalú y Palermo con parada para ver el Etna, y quizá tener un rato playero de relajo, que de todo tiene que haber.


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