miércoles, 28 de septiembre de 2016

Viaje a Sicilia IV. Catania y Taormina

No me veo capaz de resumir el resto del viaje en un solo artículo, así que vuelvo a saltarme los planes iniciales y a alargar la serie uno más, el último, lo prometo, que será Etna Cefalú y Palermo.

Henos aquí llegando a Catania a media tarde después de un viaje tranquilo por autopista de solo 50 kms. Agradable sorpresa el hotel seleccionado esta vez por el proveedor, el Via del Bosco Next Hotel Design, muchas expectativas nos producía un nombre tan largo e historiado, y se cumplieron. Se trata de dos antiguas villas en el centro, unidas por los jardines, decoradas en el estilo clásico que debieron de tener cuando pertenecían a pudientes familias: empapelado amarillo, muebles de estilo francés, confortables zonas comunes, un jardín muy cuidado y hasta aparcacoches (perdón, “valet para los vehículos”), qué gustazo darle las llaves y que él se encargue de todo. Sin duda por nuestro aristocrático aspecto nos asignaron la Suite Baldaccino, silenciosa y confortable, con una gran cama con cortinas alrededor, nos dispusimos a gozar de los dos días que teníamos allí contratados.

Alguien poco informado nos había dicho que Catania no tenía mucho que ver, qué bocas, es una gran ciudad con mucho patrimonio monumental, con universidad (con el ambiente que eso genera), y sobre todo con un mercado apabullante del que habíamos oído hablar mucho. Tras instalarnos en la regia habitación pedimos opinión al encargado sobre dónde cenar y nos recomendó irnos a uno de los tres pueblos costeros que hay hacia el norte: Acicastello, Acitrezza y Acireale. Queríamos llegar al último, pero visto lo mala y congestionada que estaba la carreterilla costera nos quedamos en Acicastello, y aprovechamos para ver el atardecer en el área marina protegida de las Islas Cíclopes. Decidimos darnos un homenaje en un restaurante romántico de pescado, pero no fue gran cosa, está visto que aquí lo que funciona son las trattorías populares.

Tras un lujoso sueño bajo nuestro baldaquino nos preparamos al día siguiente para otra jornada apretada, no hay que perderse nada. Objetivos: la mañana conociendo el mercado y la ciudad de Catania, la tarde para acercarnos a Taormina y Acireale, y la noche para cenar en el pueblo de pescadores de Santa María La Scala.

Al mercado, ya se sabe, hay que ir temprano, que luego te encuentras todo el pescao vendío. Habíamos leído muchas reseñas sobre el mercado callejero de Catania, pero todas se quedan cortas, digo lo mismo que con los mosaicos de Casale, esto sí que no hay que perdérselo. Las plazuelas y calles de detrás de la catedral (Plaza del Duomo) se llenan desde primera hora de puestos de pescado, carne, verduras, quesos,  venga gente color y vocerío, esto no es como la Boquería de Barcelona que está tomada por los turistas, aquí todo son señoras con la bolsa de la compra y vendedores pegando gritos, los mirones somos poquitos. Impresionante lo que ellos llaman la lonja del pescado, yo tenía el Mediterráneo por un mar casi arrasado y ya con pocos peces, pero aquí hay toneladas de pescado de muchísimas especies con una pinta estupenda, todo el género te entra por los ojos. Aquí el ama de casa solo compra pescado si lo ve no fresco, sino vivo, así que casi todo lo que se ofrece está en palanganas, cubos y tanques de agua de mar: grandes meros aún boqueando, pulpos que se tiran de la palangana y andan por el suelo, un pescatero que se ha liado a hachazos con un gran atún y lo salpica todo de sangre, grandes bandejas de almejas y coquinas que lanzan al aire sus chorritos de agua, espectáculo y autenticidad por todos sitios.

En la parte menos positiva, no parece haber control de tallas, porque ves cabrachos del tamaño de un dedo y rodaballos poco más grandes que monedas, y este mercado lo repiten todos los días, y seguro que tiran lo que no venden. ¿Hasta cuándo aguantará el Mediterráneo semejante esquilme? Pues los sicilianos llevan en ello más de 2.000 años, y no parecen tener problema.

Los puestos de carne y verduras tampoco se quedan atrás, los precios son mejores que en España, y la variedad es muy grande. Una idea que nos gustó especialmente: en los puestos de verdura te venden cebollas, berenjenas y pimientos recién asados a la brasa, con lo que te los llevas a casa y haces una escalibada o un pisto en un momento. Las alcachofas se venden ya peladas y frotadas con limón, te desganan los guisantes a mano, en fin, aquí el que no come verduras no es por pereza.

Salimos de las calles del mercado y nos dedicamos a ver el resto de la ciudad, la catedral, las iglesias, el decrépito barrio de los palacios barrocos y la mega catedral de San Nicola, una obra que merece estar en el catálogo mundial de despropósitos, concebida para ser la más grande de Sicilia a mitad de construcción comenzó a tener problemas de estabilidad y de financiación y quedó a medio hacer. Nos acercamos luego a ver la universidad, un antiguo monasterio con claustro que merece visita por el monumento en sí y por el ambiente, los estudiantes sentados por los pasillos repasando antes del examen, consultando las listas de notas, ¡ay pardillos, lo que os queda!. En los alrededores se come de maravilla y muy barato, por todos sitios te ofrecen menú estudiantil. Nos hicimos foto en la facultad de Giurisprudenza, por aquello del gremio.

En Catania tienen preciosa cerámica de Caltagirone, unas vistosas cabezas de rey y reina en versión cristianos moros o negros, de rasgos muy logrados y colores vistosos, muy decorativas. Eso en la versión cara, porque también tienen otros mucho más baratos, pero como suele pasar, mucho más feos. Luego buscamos esa cerámica en otras ciudades, y ya no era tan bonita.

Iniciando la tarde cogimos el coche y salimos para Taormina, unos 50 kms por la autopista de la costa con precioso paisaje. Taormina es una antigua ciudad subida en una peña, que tiene ese halo de haber sido residencia de verano de actores y actrices de Hollywood en la época de la Dolce Vita. Complicada subida en coche por viaductos de hormigón y mal para transitar por sus callejas, mejor optar por el funicular y luego moverse a pie. Tiene un famoso teatro grecoromano en lo más alto del risco, pero nos pareció poco conservado, eso sí, tiene la gracia de su localización y las vistas sobre toda la bahía y el Etna al fondo. Luego pasamos la tarde paseando por la larguísima calle principal, que va recorriendo todo el risco, y viendo las buenas tiendas que hay en el pueblo. Te puedes tomar un café en la maravillosa terraza del Hotel Metropole que da sobre el mar azul, y sentirte por un momento Audrey Hepburn.

A la vuelta hacia Catania paramos en Acireale, donde nos pasó el incidente con la generosa funcionaria del aparcamiento, y siguiendo otras recomendaciones de viajeros nos bajamos a nivel del mar a un pueblito de pescadores, Santa María L´Escala a cenar pescado en un restaurante presuntamente muy auténtico llamado La Grotta. No nos convenció la pinta un poco pija, y la oferta de peces eran unos sargos de tamaño dudosamente reglamentario (por uno así estuvo a punto de multarme la Guardia Civil este verano), así que probamos en La Rosa del Venti, más discreto y baratito, gran acierto. Si váis pedid una ración de cozze (mejillones), una fuente con casi dos kilos con salsa de ajo y perejil.

Llegamos tras otro largo día a nuestro estupendo hotel y nos fuimos a la cama, al dia siguiente el plan era salir hacia Cefalú y Palermo con parada para ver el Etna, y quizá tener un rato playero de relajo, que de todo tiene que haber.


sábado, 24 de septiembre de 2016

Viaje a Sicilia III. Enna, Casale y Siracusa

Tampoco pasamos mala noche en el feo hotel Dei Pini, la nevera no hizo ruido porque no funcionaba y el desayuno no fue tan horrible como cabía esperar, a excepción del zumo de polvitos, el mismo en todos los hoteles, en Sicilia el zumo de naranja es rojo porque los polvitos imitan a naranjas sanguinas.

Nuestra primera decisión del día, reconozco que discutible, fue no visitar el Valle de los Templos de Agrigento, habíamos leído en varios foros que aún siendo estupendo no es mejor que Segesta y Selinunte y aún teníamos por delante 240 kilómetros que recorrer con varias paradas obligatorias. Vimos el valle desde un parque de Agrigento y nos echamos a la autopista, pesadísima de obras polvo y desvíos en este tramo.  Las llanuras del interior de Sicilia están en esta época muy resecas y amarillas, como las de España, solo en las montañas y en la costa todo volvía a ponerse verde.

Enna es otro precioso pueblo fortificado y medieval en lo alto de una montaña, lo mismo que Calascibetta, que se ve enfrente desde los miradores. Tiene una catedral con maciza torre cuadrada, complejo artesonado y un órgano inmenso, nos llamaron la atención las viejas escaleras de palo de más de 20 metros de altura que tenían apoyadas en una esquina para quitar las telarañas de los techos, Hay que tener narices para subirse en ellas. Agradable paseo luego por las calles entre la gente que vive su vida, llamativo el sistema de eliminación de basuras que usan aquí: la señora descuelga desde el balcón una bolsa blanca y la deja ahí a media altura hasta que pasa el basurero, todas esas bolsas hacen un rasgo decorativo más por las callejuelas llenas de escaleras, motos y macetas de flores. Comemos en una trattoría recomendada por las guías, abundante estupendo y barato como siempre.

Ya en ruta otra vez buscamos el lago de Pergusa, donde dice la mitología que Hades raptó a Perséfone. Los sicilianos, con poco respeto a ese romántico evento han construido un circuito de carreras todo alrededor, imposibilitando el acceso salvo que te cueles por una puerta rota, lo que hicimos. Según leo es el único sitio de Europa en el que crece salvaje la planta del papiro, y en efecto los había, pero aún así el lago no tiene más que agua verdosa y unos patitos, creo que esta visita es prescindible.

Imprescindible es en cambio nuestra próxima parada, madre mía, un top y un must, la villa romana de Casale y sus impresionantes mosaicos, esto sí que no hay que perdérselo. Cuesta encontrarlo porque hay que dar vueltas y revueltas por las carreterillas que bordean el río, pero merece la pena. Hay muchos autobuses y una auténtica ciudad de puestos de recuerdos en la antesala que recuerda a la zona del duty free cuando vas a tomar el avión, pero en esta época no hay colas y se entra bien. Una vez dentro vas pasando, de menos a más, por las cocinas y los cuartos de la servidumbre (donde los mosaicos son geométricos y sencillos), los aposentos de los señores con estupendas escenas de hombres cazando y señoras jugando, y llegas al final a una especie de inmensa habitación alargada para recepciones y compromisos oficiales con el suelo lleno de escenas de captura de animales africanos y asiáticos para el circo que impresiona de verdad. Esta claro que al artista le gustaban mas los animales que las personas, porque hombres y mujeres aparecen en posturas repetidas y hieráticas, pero los animales son todo color y movimiento: tigres, leones, leopardos, ñúes, allí peleando o comiéndose a algún cazador, te quedas asombrado por su realismo y fidelidad, porque además el artista no tenía fotos, lo hizo de memoria.  Nos cayó aquí una manta de agua respetable, y vimos que las viejas cloacas romanas funcionaban perfectamente tragando tantos y tantos litros de agua.

Siguiendo los consejos de otros viajeros nos acercamos luego a Piazza Armerina, el pueblo que se encuentra cerca y que la mayoría de los turistas dejan pasar. Es otra pequeña ciudad medieval en lo alto de la colina con su catedral, su castillo y su vida apacible y provinciana, en cada rincón te encuentras un encuadre que te dice algo, el paraíso del fotógrafo. Creo que estos pueblos han sido lo mejor del viaje.

Al coche para el último tramo del dia y según nos vamos acercando a Siracusa las nubes se apelotonan y van ennegreciendo el cielo, empieza a caer y de repente, ya entrando en la ciudad el diluvio universal, agua furiosa, ríos bajando por las calles y el coche anegado hasta la panza en los cruces. No se ve nada, así que vagamos buscando el hotel por las callejuelas próximas al puerto, preguntamos en otro hotel y nos dicen que está lejos y difícil, no son capaces de dibujar el camino en el mapa. Al fin entre la intuición, el móvil y el mapa, llegamos al UNA Hotel Wellness&SPA bajo la lluvia y corremos con la maleta a la recepción. Este es como mínimo un hotel “raro”. Bicicletas en la puerta, chicas en chándal en la recepción, pasillos oscuros con fuentes y luces verdes. Es un hotel pensado para jóvenes parejas vigoréxicas, tienen gimnasio gratuito, balneario en los sótanos y desayuno con zumos de lechuga y remolacha y todo eso. A nosotros después del hotel Dei Pini todo nos parece estupendo.

Siracusa es otra ciudad preciosa de Sicilia (aún no hemos visto una fea), bien pegada al mar, tanto que el casco viejo está construido en una isla unida a tierra solo por dos pequeños puentes. Para ver una ciudad así lo mejor es hacerlo en barco, así que nos apuntamos a una excursión turística por la costa. El precio son 20 euros pero la chica está ansiosa por regatear, así que se regatea ella sola y nos lo deja finalmente en 10 por persona, sin que abramos la boca. Estupenda la excursión en un dia fresco y soleado, nos lleva por las calas, las cuevas marinas (igualitas a las de La Franca), y luego a ver la ciudad desde el mar, los palacios, los fortines, y las “rocas que parecen cosas”: El Delfín, El Corazón, El Elefante, y realmente lo parecen. Como italiano que es el chaval del timón enseguida empieza a pegar la hebra y contarnos su vida, es pescador pero en verano se apunta a esto y le pagan mucho mejor, y luego saca el móvil y nos enseña fotos de toda su familia, la mujer, dos niñas, los padres, un pulpo de 15 kgs y una pesca milagrosa de grandes sargos. Me encanta esta gente italiana, ¿lo he dicho ya antes?.

Desembarcamos y empezamos la visita a pie de la isla de Ortigia, el núcleo de la ciudad vieja, un fantástico pastiche de estilos, civilizaciones y religiones, hay templos griegos y romanos, palacios venecianos, sinagogas judías, teatros barrocos, baños árabes, catedrales, austeros fuertes aragoneses, todo metido en una isla, en cada calle y en cada esquina algo que admirar, tanto que ver y tan poco tiempo. Caemos cansadísimos y aplanados por el sol en una terracita frente al mar y nos tomamos una cerveza para recuperar un poco.












Y aquí estamos de nuevo tomando el coche y saliendo hacia Catania, por suerte esta vez el destino no está lejos, a unos 50 kms por autopista, y además tenemos dos noches seguidas en el mismo hotel, una ocasión para descansar y tomárnoslo con más calma, bueno, esperemos.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Viaje a Sicilia II. Palermo, Trapani, Agrigento.




Habíamos quedado en el anterior artículo recién aterrizados en Palermo y ya subidos en nuestro flamante Fiat Punto de alquiler, el plan inicial era bajar a Palermo, ocupar la habitación en el hotel Mercure y si acaso pasar el dia conociendo un poco la ciudad, porque teníamos otros dos días en ella al final de la semana. Pero nuestro itinerario no tocaba el pico noroeste de la isla y eso no está bien, no queríamos perdernos nada, así que cambiamos de planes sobre la marcha y salimos a la autopista E90 a eso de las 12, dispuestos a gastar el día por ahí lejos, dejando la capital para el final de la semana. La energía inicial y el entusiasmo nos hacían olvidar el jet lag y el cansancio.

Todo el mundo nos había hablado muy bien de Monreale, un pueblo histórico en lo alto de la montaña (como tantos que veríamos luego) a 11 kilómetros de la capital, así que empezamos por ahí. Subida con muchas curvas y llegada por los pelos a la última media hora de apertura de la catedral, en esa peculiar mezcla de estilo bizantino y normando y con preciosos mosaicos dorados, de los mejores de la isla. El Cristo del ábside es muy expresivo, nos recordó al que aún se ve en Santa Sofía, en Estambul. En cuanto el puntual funcionario nos echó del templo (puntual para cerrar, no sé yo para abrir), dimos una vuelta por el pueblo, que tiene poco más que ver: el mirador sobre Palermo y la plaza. Comimos cualquier cosa en una terraza y venga, a bajar las cuestas para ver otros lugares. La autopista pasa ahora por viaductos y túneles en un paisaje muy montañoso que recuerda a La Hermida.

Una parada para tomar un baño en la playa de Castellammare, melancólica ya con pocos turistas (ahora viéndolo con perspectiva me asombra esa energía inicial, teniendo en cuenta cómo acabamos el viaje), y al coche otra vez para seguir bordeando la costa del Tirreno. Pasamos una idílica cala azul,  Guidaloca, y subimos al antiguo caserío de Scopello, en su día factoría de atunes y tomado hoy por gente alternativa y por restaurantes con terraza sobre el azulísimo mar, merece la pena. El objetivo final del día era Erice (Ériche dicen ellos), un pueblo medieval que domina Trapani. En la entrada del pueblo unos amables policías habían decidido cerrar la carretera porque sí (la reabrieron al poco de pasar nosotros) y nos mandaron abajo a Trapani a buscar un ascenso alternativo. Tras mucho preguntar dimos con la nueva subida,  interminable y de mérito (recomiendo encarecidamente el funicular), pero el resultado bien mereció la pena, el pueblo es monumental y tuvimos un precioso atardecer sobre Trapani, sus salinas y una especie de peñón de Ifach a lo bestia, San Vito Lo Capo.

Si nuestro plan fuera libre seguramente hubiéramos elegido un hotelito aquí y mañana hubiéramos seguido viaje hasta Agrigento, pero nuestro fly&drive incluía noche pagada en Palermo, así que larguísimo tramo de carretera de vuelta llena de curvas, de noche, y con el remate final de encontrar el hotel en el caótico trazado palermitano, hubo un momento en que reventamos, dejamos el coche de cualquier modo en la calle y buscamos un sitio para cenar.

Atraídos como las polillas por una terraza muy iluminada y llena de gente dimos con el restaurante Ferro di Cavalo, menudo hallazgo, una trattoria especializada en pescado y baratísima, en la que el pago funciona al modo tradicional basado en la buena voluntad: cuando acabas la cena le explicas al de la caja lo que has comido y él se fía y te lo cobra. Pierde algún plato, pero sólo el dueño toca el dinero, muy siciliano. Algo reconfortados encontramos por fin el hotel Mercure que nos recibió con su estilo de sólida elegancia y eficacia (me encanta esta cadena) y caímos muertos en la inmensa cama. Para terminar un día que había amanecido en Madrid, ya estaba bien.

Al dia siguiente decidimos levantarnos algo tarde para descansar del palizón del dia anterior, y disfrutamos del desayuno con esos canutillos de queso Ricotta que ya veríamos por todas las pastelerías. El plan del día era ruinas y más ruinas, que de eso hay en la isla para aburrir, tirando para el sur y parando en Segesta, Selinunte y finalmente en Agrigento.

Son impresionantes e imprescindibles las ruinas de Segesta y las de Selinunte, dos grandes ciudades rivales de la época griega, la primera fundada por los élimos, un pueblo de origen desconocido que se decía descendiente de troyanos huidos, y la segunda, la gran colonia griega en la costa. Separadas por unos 40 kilómetros, mantuvieron continuas refriegas e incidentes de frontera hasta que los griegos de Selinunte se hartaron, subieron a Segesta en expedición de castigo, y pasaron a cuchillo a sus 10.000 habitantes borrando del mapa la ciudad y toda su civilización, en aquella época estas cosas se resolvían así. Quedó como testigo mudo un gran templo en piedra amarilla que aparece hoy perfectamente reconstruido, impresiona verlo solo en medio del valle, sin casas ni pueblos alrededor. Hay también un pequeño anfiteatro en la colina, si subís a verlo recomiendo encarecidamente tomar un autobús que sale de abajo, por 3 € te ahorras la penosa subida bajo el sol.

Las ruinas de Selinunte no son menos impresionantes, un recorrido por varios templos al borde del mar, se toman unas preciosas fotos de columnas con el azul de fondo. La novedad de este yacimiento para mí es que se pueden ver dos templos no restaurados, uno de ellos de hecho el más grande de la isla, así que te puedes hacer una idea de cómo estaba todo tras siglos de terremotos antes de que llegaran los restauradores: una revuelta montaña de rodajas de columna como de 20 metros de altura, los sencillos y grandiosos capiteles dóricos extendidos por el suelo en todas las posiciones como platillos volantes derribados, cada uno debe pesar muchísimas toneladas. Chapó por los restauradores que tienen que decidir cómo resolver este enloquecido puzzle, no puedo imaginar el tamaño de las grúas necesarias para apilar las rodajas, y chapó desde luego por los griegos, que lo construyeron sin grúa. Algunas columnas serán más fáciles porque aparecen solo derribadas de lado, como un chorizo recién cortado en lonchas. 
   
De nuevo al coche para seguir ya de un tirón hasta Agrigento, donde haremos noche. Pasamos por delante del Valle de los Templos, ahora iluminado, y callejeamos hasta encontrar el hotel Dei Pini, pinchazo en hueso esta vez, ya me lo temía cuando miré su calificación en Booking, solo un 7, hace mucho que adopté la norma de no reservar en un hotel con calificación inferior a 8 pero esta vez decidía la mayorista, aunque les pedí que lo cambiaran me dijeron que nadie se había quejado. Es un hotelón de carretera de los años 70 de esos que salen en las películas de viajantes, oscuro y deprimente. El recepcionista se desvive por mejorar la impresión y nos cambia el cuarto, pero el tema no mejora. Salimos a cenar a Agrigento, una ciudad que nos parece bonita, una calle central larguísima llena de comercio y restaurantes, las calles laterales de la derecha van hacia arriba llenas de escaleras, las de la izquierda bajan hacia el valle, recuerda bastante a Béjar. Nos sentamos en un restaurante que ha ocupado con sus mesitas toda una empinada y romántica plaza lateral (”Di Bacco”), la luz es amarilla y hay varios gatos pidiendo una sardina a los clientes. Algún vecino de los balcones se pone a tender la ropa y nos cae encima un chorro de agua (espero), pero todo se resuelve con un poco de buen humor y un cambio de mesa.



Y aquí nos quedamos durmiendo en el extraño hotel, mañana será otro día y habrá que tomar decisiones porque nos separan 240 kilómetros de nuestro destino, Siracusa, y por el camino hay cosas que no nos podemos perder como Enna y la villa romana de Casale, hoy ya a descansar.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Viaje a Sicilia (I)


Ya hemos vuelto de nuestro viaje a Sicilia, siete noches y ocho días dando vueltas por la isla en nuestro coche alquilado, una experiencia intensa de verdad, así que aquí me pongo a contarlo porque mucha gente me ha preguntado cómo es aquello, y cómo resulta esa fórmula de viaje que está poniéndose de moda, los paquetes fly&drive.

El fly&drive consiste en que el mayorista te vende los billetes de avión, el alquiler del coche y las noches de hoteles, y tú ya si eso te las apañas para sobrevivir y verlo todo. He visto anunciada esta fórmula para Escocia, Islandia, Croacia y para otros destinos, normalmente suele durar una semana. Ventajas: tienes total autonomía para desplazarte y organizar tus días, comer donde quieras o quedarte más rato en la cama, los hoteles ya están elegidos y son de buen nivel (salvo uno del que ya hablaré), y el precio es muy bueno. Desventajas: esa misma libertad es una fuente de estrés, quieres verlo todo y no perderte nada y necesitas una tarea previa de planeamiento y estudio de guías. La libertad es relativa porque tienes que hacer el viaje en el orden marcado y durmiendo en las ciudades contratadas, a veces te apetecería alterar el plan y no es posible.

Por mi parte voy a enviar al mayorista dos sugerencias: que incluya un itinerario recomendado con las cosas que hay que ver, y que quite un hotel del paquete y lo cambie por otro, ya se lo pedí antes de salir por las bajas puntuaciones de Booking, pero no me hicieron caso.

Sicilia es una isla maravillosa y siempre sorprendente, hay ruinas griegas y romanas para aburrir (los templos griegos mejor conservados, aunque los mejores anfiteatros siguen siendo para nosotros los de la costa de Turquía), ciudades con esa mezcla de lo viejo y lo nuevo tan italiana, playas muy azules de arena fina y agua templada, y una gente estupenda que te acoge y te recibe como a uno más, algunos ejemplos tenemos que son para no creer.

Nuestro itinerario comenzaba con una llegada temprana a Palermo, coger en el aeropuerto el coche de Hertz (gran cola lentísima, pero nos compensaron con un upgrade de Panda a Fiat Punto), y siete noches en Palermo, Agrigento, Siracusa, Catania (2) y de nuevo Palermo (2). Entendimos, porque nadie nos lo explicó, que las dos noches finales en Palermo son para ver la ciudad con calma, y que una de las dos noches de Catania es para que te acerques a ver Taormina y subas al Etna. Renunciamos desde el principio a ver el pico sur (y la ciudad de Ragusa), pero es que la isla es muy grande, la más grande del mediterráneo, y aunque en nuestro mapa aparecía dibujada una flamante autopista que recorría todo el sur (ponía: “terminación prevista en 2013”), lo cierto es que no había ni trazas de ella, quizá otro de los misteriosos trucos de la Mafia, allí le echan la culpa de todo.

Para organizar un poco toda las cosas que me apetece contar casi empiezo hoy por unas generalidades sobre la isla, y hago luego dos artículos más, uno sobre el noroeste (Trápani) el oeste (Agrigento) y el sur (Siracusa), y otro sobre el este (Catania y Taormina) y el norte (Cefalú y Palermo). Ya sé que alguna vez he dejado coja una serie que he comenzado con tan buenos propósitos, espero que esta vez no pase.

La Gente: empezamos por lo que más nos ha impresionado, qué maravilla, qué amables, simpáticos abiertos y deseosos de ayudar, les encantan los españoles y todos han ido o quieren ir a Madrid, o tienen algún pariente o amigo allí. No exagero, ejemplos concretos: si te pierdes en una ciudad (pasa mucho), no solo te dan las indicaciones, si van en coche se salen de su ruta para que les sigas, o se montan contigo en el coche y se bajan allí. Fue exagerado en Catania, una pareja llegaba por la noche de su domingo y había encontrado sitio para aparcar, se disponían a subir al piso con los brazos llenos de trastos y cuando les preguntamos lo metieron todo de nuevo en el coche, perdieron el sitio, y nos guiaron durante más de veinte minutos por los intrincados laberintos callejeros hasta dejarnos en la misma puerta del hotel. Nos dimos muchos abrazos e intercambiamos nombres y noticias de la familia. Y otro: en Acireale no teníamos dinero suelto para pagar el ticket del ayuntamiento, se lo dijimos a la guardia, y se puso a hacer una colecta entre sus compañeros para sacarnos el ticket de la máquina, ¡dile esto a un controlador de la ORA en Madrid!.

Las calles están muy ambientadas siempre, familias endomingadas, tertulias en las terrazas de los cafés, un funeral con coche fúnebre, un cortejo de boda, críos jugando al fútbol en la plaza, escenas dignas de una película de Alberto Sordi a cada paso. En algunos pueblos disfrutamos de largos paseos simplemente viendo el ambiente y estando entre la gente.

El Idioma: a menos que sean gente del turismo no hablan mucho inglés, pero el italiano se entiende muy bien, sobre todo si eres viejo y estudiaste latín en el bachiller (es para lo único que te va a servir). Si les hablas en español harán por entenderlo, y si encima intentas chapurrear algo de italiano, les caerás bien de inmediato. 

Los Precios: todo muy barato, especialmente la comida. Muy buena pasta y pizza, claro, pero también muy buen y barato pescado por toda la isla, verduras y fruta, los mercados son dignos de ver y los cartelitos de precios te hacen retroceder diez años. Se puede comer bien en los restaurantes y trattorías por unos 15 euros. Como siempre, hay que tratar de huir de los sitios turísticos y preguntar a la gente dónde comen ellos.

Conducir: siempre se dice que conducen mal y agresivamente, pero no es cierto, lo que ocurre es que conducen en modo supervivencia. Las calles son tan caóticas y oscuras, no hay apenas semáforos, tienen que meter el morro y colarse o no pasan nunca el cruce, las motos se mueven por espacios inverosímiles, si cometes el error de ceder el paso a uno se te meterán por el hueco diez. Nos sorprendió en cambio que nadie usa el claxon, la masa de coches fluye en silencio absoluto, si alguien se cuela no le pitan, la próxima se lo harás tú. En ese ambiente pronto te haces más italiano que ellos y aprendes, y hasta disfrutas, del arte de ganar la posición. Fuera de las ciudades las carreteras son malas y mil veces parcheadas, salvo en las autopistas centrales, que están bastante bien. Capítulo aparte merecen los ascensos a las ciudades y pueblos de montaña, como Erice o Taormina, con mil curvas y viaductos sobre el abismo. En estos dos pueblos hay un funicular que te ahorrará el trago y el aparcar arriba. Orientarse no es sencillo, las calles están mal trazadas y peor conservadas y la señalización de carreteras es escasa e imprevisible, así que un consejo: llévate un TomTom o elige el coche alquilado con él, merece la pena. Si tienes que ir con el Maps del móvil aprende a bajarte las rutas del día siguiente en el wifi del hotel, realmente te salvan la vida.

La Epoca para viajar: Nosotros fuimos a mediados de septiembre, y se estaba muy bien. Había turismo pero ya no masivo, se entraba enseguida a los monumentos, se aparcaba bien en todos sitios y había mucho espacio en las playas. Imagino que Mayo y Junio serán buenas épocas también, pero en Julio y Agosto hay realmente mucha gente, y hace demasiado calor. Tuvimos días de bastante sol y tardes de fuerte tormenta.





Y vamos a dejarlo ya para el segundo capítulo, de Palermo a Siracusa, mucho que recordar y contar, a ver si me dura el entusiasmo inicial, porque vale la pena... 

martes, 5 de julio de 2016

FIORDOS 2016 (I).- Subida al Preikestolen

Empiezo la crónica del crucero a los fiordos noruegos con un artículo sobre la subida al Púlpito (Preikestolen) pensando en los amigos montañeros, que tendrán un interés especial en esta excursión. Ya si eso en próximas semanas iré contando otras visitas (Trondheim, Alesund, Bergen), y mis impresiones sobre el viaje en crucero, el tercero para nosotros, que merece una charla aparte. Esta forma de hacer turismo está muy de moda y tiene grandes ventajas, pero también algunos inconvenientes.

Preikestolen es hoy una atracción superturística, mucha gente intenta llegar arriba y allí ves de todo: gente con perros, niños pequeños, padres con un bebé atado al pecho o a la espalda, todo tipo de calzado que incluye tacones altos y sandalias con plataforma, y sobre todo personas muuuy mayores, o en pésima forma física. Pero claro, muchos empiezan pero no todos llegan, a partir de los primeros riscos y escalones, de las primeras paredes verticales, la gente se va dando la vuelta discretamente y se bajan. Un factor de presión añadido es que para llegar allí tienes que tomar un transbordador con horarios rígidos, así que normalmente tienes el tiempo limitado a dos horas de subida y otras tantas de bajada, y ojo, cuesta bastante más bajar que subir. 
   
La ruta es relativamente reciente, se dice que un noruego vió la roca en lo alto cuando navegaba por el fiordo, se propuso llegar a ella y buscó el acceso, no se imaginaba el negocio que estaba inaugurando. El camino actual fue trazado y construido con ayuda de sherpas nepalíes, y es realmente un obrón, con zonas de grandes escalones de granito sin desbastar y pasarelas de madera y cadenas.

El sendero comienza en el aparcamiento inferior de los autobuses y va pasando por bosques de abeto primero, hayedo y enebro después, algunas navas pantanosas y zonas de grandes lajas de granito, pequeños lagos de agua oscura y riscos desnudos en la parte alta. El recorrido total es de 3.800 metros y la ascensión acumulada de casi 500 metros, con un grado de dificultad calificado como medio. El abismo cuando te asomas es de algo más de 600 metros, pero ojo, no es el mayor acantilado de Europa, ese es el risco de Fanenque, que está en Gran Canaria (1070 mts). Dato curioso, históricamente solo se ha caído un turista, que era español, en 2013.

Nosotros comenzamos el día yendo en autobús a Stavanger, la ciudad petrolera noruega (hay oficinas de Repsol), y tomando desde allí un transbordador de coches y autobuses. Una amable guía española nos amenizaba el recorrido contándonos las maravillas de la sociedad noruega en la que ella y su marido se habían quedado a vivir: educación gratis con libros de texto, psicólogos en prevención del acoso escolar, préstamos al 0% a los estudiantes, sistema sanitario gratuito y completo incluyendo dentista y psicólogo, y el plan de pensiones más grande del mundo para sus nacionales. Claro que como dicen los brutos con buena picha bien se jode (perdón), desde que se descubrieron grandes yacimientos de petróleo en el Mar del Norte en 1969, los dirigentes noruegos no han tenido otra preocupación que ver dónde colocaban el imparable chorro de dinero que le iba cayendo encima al país. ¿Y cómo resulta una juventud educada en medio de un mar de dinero y medios? Por según nuestra guía han salido bastante atocinados, necesitan importar muchos españoles e italianos para que les enseñen cómo luchar por un puesto de trabajo, y cómo pisar un poco al de al lado.

Una vez desembarcados y llegados en el autobús al aparcamiento de Preikestolen, comienza la ascensión por la pista de lajas de granito, todos con mucho ánimo y rodeados de personal de toda condición, como ya dije antes. Una marea de turistas vestidos con ropa chillona va subiendo por la pista al principio de juerga y comentando, a partir del primer muro de escalones ya más callados. Una señora con perrillo salchicha va dejando que se te meta entre las piernas, un padre con bebé a la espalda anda con mil ojos al poner los pies, y una señora como de 90 años ha cogido una rama de pino para apoyarse. Los jubilados marchosos del grupo piden paso por favor, equipados con bastones telescópicos y botas de montaña empiezan con mucha ansia que para eso son profesionales, unos kilómetros más arriba los volvimos a adelantar, hay que medirse mejor.

Se alternan ratos de pista en suave subida con verdaderas paredes de escalones hechos de bloques de granito. El suelo está húmedo pero hay buen agarre, no te resbalas. La fila se va despoblando, con mucha discreción la gente que se va dando la vuelta, pero en todo momento tienes turistas por delante y por detrás. En los pasos difíciles te encuentras a los que ya van bajando, y el cruce es complicado. El tiempo es nuboso pero con buena visibilidad todavía.

Por fin, tras subir unas grandes lajas lisas llegas a un paso muy estrecho donde paran la fila y van dejando pasar al mismo número de visitantes que salen, para limitar un poco la gente en la plataforma. Y allí está la pared, con una vista increíble sobre el fiordo, los farallones de enfrente y los lagos arriba de la montaña. Pero ¡oh decepción!, un minuto después de que lleguemos se viene encima un nubarrón tremendo y la niebla nos envuelve, parece de noche, y encima se pone a llover a cántaros. Hacemos fotos aquí y allá, pero no se aprecia la altura, es como si te las hicieras delante de tu casa.

Dicen allí que si no te gusta el clima noruego solo tienes que esperar diez minutos y tendrás otro diferente, pero esta vez no es así, la lluvia parece bien cerrada. Un poco chafados iniciamos el descenso, y quince minutos después el cielo se abre y sale un sol tímido. Por un momento pensamos dar la vuelta y volver a subir, pero el autobús no espera, y tenemos menos de dos horas para bajar. Y menos mal que no lo hicimos porque la bajada cuesta bastante más que la subida, hay que dejar paso a los que vienen en los pasos estrechos, y da respeto bajar los grandes escalones sin nada a lo que agarrarte, y con algún perrillo entre las piernas.

Tras dos horas cumplidas llegamos al fin al aparcamiento con el tiempo justo de hacernos fotos en el cartel y a la orilla del lago, hay allí unas casitas de montaña con el techo de musgo que componen un paisaje noruego precioso, seguramente no es casual.

En resumen, un dia estupendo de montaña que te viene bien para romper la rutina del crucero, una ruta exigente para turistas no habituados (supongo que sólo un paseo para los montañeros avezados), y muchas fotos un poco chafadas por el incidente de la lluvia, pero esa es la cosa del tiempo noruego, tantas cataratas y prados verdes necesitan riego…


miércoles, 6 de abril de 2016



Agosto de 2011.UN VIAJE A KENIA

Aquí estoy para cumplir lo prometido, contar la  crónica del megaviaje que nos hemos pegado mis hijos y yo, ese circuito combinado y carísimo que está de moda, Kenia+Islas Seychelles. Aunque haré dos artículos separados, ya sabéis que los dos se hacen sucesivamente, y ahí va la primera opinión: qué acierto de combinación, después del cansado viaje por Kenia, malas carreteras, polvazo, naturaleza y animales para aburrir, experiencias fuertes, los seis dias de playa en el mismísimo paraíso vienen como el bálsamo que justamente te estaba haciendo falta. Si os lo podéis permitir, no vayáis solo a Kenia, añadid después esa especie de "vacaciones de las vacaciones", sea en Seychelles, en Mauricio, en Zanzíbar o en la misma costa de Kenia. La diferencia está en el precio, pero el concepto es el mismo.

A mí me gustan los bichos, los lectores habituales ya lo saben, así que un viaje 100% naturaleza era uno de mis objetivos en la vida, el primero era Africa, después Galápagos, sur de Chile, Centroamérica y lo que pueda caer en el futuro. Precisamente la experiencia de un amigo fué la que me decidió a hacer el combinado: tras el divorcio ha redecorado su vida con otra pareja, una chica enloquecida de las cosas de la naturaleza. A sus años anda por el mundo siguiendo a las ballenas, pisando los glaciares y plantándose con  ella en cualquier lugar remoto en el que haya algo intocado que ver (es consultor, está forrado). Pues bien, tras volver el año pasado de un mes entero 100% parques naturales de Costa Rica, me decía: "es precioso, pero quizá echamos de menos algo de Resort, de tumbona, de piscina…" En fin, viva la naturaleza, pero sin radicalismos. Como digo, este es un viaje caro, no puede ser de otro modo, porque no olvidemos que son dos en uno. Hay tres trayectos de avión, o mejor cinco (seis en nuestro caso), porque está lejos y no hay vuelos directos desde España. Tras mirar mucho precios y comparativas elegimos una agencia especializada en viajes de aventura, www.naturtrek.com que nos ofreció unos precios más ajustados en un viaje a medida, solo para nosotros tres, es una agencia muy recomendable, cumplen lo que prometen y realmente te arreglan los problemas que puedan surgir. El coste total del viaje a Kenia depende del mayorista, pero naturalmente se puede ajustar quitando algún parque, o alguna noche de hotel. Como digo, todo ayuda, porque el precio es alto. Como puntazo inesperado tuvimos guía de habla española, lo que me sorprendió, porque nosotros habíamos contratado habla inglesa (ahorro de costes), pero allí llegó a por nosotros un keniano Kikuyu, Eric, que hablaba un español claro y correcto. Ya hablaré de él, qué tío más divertido, y qué bien lo pasamos con él. 

Confieso que yo iba con cierto respeto, porque mi último viaje fué un crucero de esos en que te llevan y te traen sin que tú tengas que hacer nada. Cuando leí el programa detallado del viaje que me mandaron me inquieté un poco: tantos desplazamientos, tantos transbordos, tantos hoteles distintos, todo con horarios precisos y todo bajo nuestra propia responsabilidad. Sin embargo la cosa salió perfectamente, todo bien coordinado, nunca falló el corresponsal con nuestro cartelito en la salida de los embarques, y los traslados y el safari fueron para nosotros solos, como señores. 

Kenia tiene cinco parques o reservas principales que se suelen incluir en los recorridos turísticos: Samburu, Aberdares, Lagos Nakuru y Naivasha (con el parque Hellsgate), Masai Mara y Amboselli. La mayoría de los circuitos ofrecen los cuatro primeros, porque Amboselli está bastante apartado hacia el sur. En nuestro caso hicimos Amboselli (las eternas fotos de animales con el Kilimanjaro al fondo), lagos y Masai Mara. Todos ellos merecen la pena, y todos tienen algo que los hace especiales: animales, paisajes o habitantes distintos. En mi opinión, cualquier recorrido será bueno si tiene al menos tres parques, y si tiene como mínimo el parque rey, el mejor, aquél en el que se ven más animales viviendo más salvajemente: Masai Mara. Contaré algo de cada uno y luego unas impresiones del país, consejos o como queráis llamarlos, cosas que hicimos bien, cosas que hicimos mal, y cosas que haríamos de otro modo.

* NAIROBI: Todos los viajes empiezan, y normalmente terminan, en la capital del país. Lo normal es pasar la primera y a veces la última noche allí, en un hotel o lodge. La ciudad es muy extendida, con edificos bajos, caótica, desordenada, con muchas calles sin asfaltar o llenas de baches, con muchísima gente pobre por la calle, andando y andando largas distancias sin un objetivo muy claro. Las zonas de lujo son recintos cerrados con altas tapias, las zonas populares son sitios bulliciosos y repletos de gente charlando en grupos sin mucho que hacer. Sin embargo, la impresión es muy agradable: no hay mendigos, nadie se mete contigo, nadie te pide dinero, puedes caminar y darte un paseo, te sientes muy seguro. Preguntamos extrañados al guía porqué la gente no agobia a los turistas como en la mayoría de estos países, nos dijo que no hay costumbre de pedir dinero, solo de ofrecer servicios a cambio de una propina. Y esta es la impresión que nos hemos traído: los keniatas son muy buena gente, abiertos y deseosos de ayudar, simpáticos, y con un claro concepto del honor personal: si queres comprar algo te lo venden, si necesitas un servicio te lo dan, y si les das propina pues mejor, pero si no, no pasa nada, nadie te agobiará. Puedes llevar tus propiedades valiosas encima, descuidar un momento la cartera, sacar todos tus billetes para hacer un pequeño pago, no tienes los miedos habituales en este tipo de viajes. Los turistas son muy queridos como fuente de riqueza del país, y la gente está concienciada para no abusar.

* AMBOSELLI: nuestro primer parque, uno de los más conocidos por estar situado al pie del Kilimanjaro, que está en realidad en Tanzania. El terreno es plano y seco, aunque con zonas pantanosas que atraen a los animales. Superabundancia de elefantes, los hay por todos lados, también muchos herbívoros (núes, gacelas y cebras), muchas jirafas y avestruces y algunos grupos de leones y de hienas, pero no son fáciles de ver. Su mérito principal: las fotos con la maravillosa montaña nevada de fondo.

* LAGOS NAIVASHA Y NAKURU, Y PARQUE HELLSGATE. No suelen faltar en los recorridos, porque son muy diferentes al resto. El paseo en barca por el lago se paga aparte pero merece por completo la pena, te acercan a los grupos de hipopótamos y si tienes suerte te desembarcan en la península y allí puedes caminar realmente entre las jirafas y las cebras, no podrás hacerlo en ningún otro sitio, porque en los parques no se puede bajar de los vehículos. Andando entre los bichos por las grandes praderas verdes sientes realmente la impresión de estar en El Rey León o en Jurassic Park. Recomendable también pedir al barquero que alimente a las grandes águilas pescadoras, pero te cobrará 100 schillings (0,70 €) por cada pez que utilice: en este país el pescado es para las personas, regalarlo a los animales es un derroche que debe ser pagado aparte. El parque Hellsgate se hace en el mismo dia, es un curioso recorrido por gargantas y acantilados con muchos herbívoros y muchos facoceros. Hay manantiales volcánicos fríos, templados y muy calientes, de ahí su nombre. El recorrido se puede hacer en bicicleta acompañados de un guía, también muy recomendable, es una sensación especial andar pedaleando entre los grandes animales.

* MASAI MARA. Como he dicho es el rey de los parques, allí puedes ver el rinoceronte negro (cuidado, el nuestro embistió a las furgonetas y las puso en fuga), leones cazando (tuvimos la suerte de ver esta leona con un ñu recién cazado, gran espectáculo cómo lo arrastraba hasta la espesura), y sobre todo, desde junio a septiembre puedes ver la gran migración, miles y miles de ñúes y cebras en interminables filas subiendo desde Tanzania hasta aquí en busca de pastos frescos. Nosotros los vimos, y también estuvimos junto al río Mara viendo el paso a nado y el banquete de los cocodrilos, pero eso es difícil: son muchos kilómetros de río, y los bichos pasan por donde quieren, normalmente, por donde no se les espera. Os ofrecerán comer de picnic, vale, pero cuidado durante la comida: nosotros la hicimos junto al puesto vigilado del río, y hay allí una colonia residente de monos ladrones (los monos kenianos no son como las personas kenianas, no respetan). Tuvimos que luchar con ellos a brazo partido, perdimos los postres y un bollo de pan. Pese a ser parque natural los guardias nos alentaban a dar palos a los monos, la comida allí es la comida. Por todos lados hay gente Masai cuidando rebaños, entrando y saliendo de los poblados de chozas, altísimos, muy delgados, con las túnicas rojas y moradas, siempre con varios palos y una maza en las manos. No hicimos la visita al poblado (25 € por persona), pero creo que hubiera merecido la pena. El Lodge nos dió un espectáculo gratuíto de danza de guerreros, impresionante, qué facultades, los campeones del grupo saltan por parejas en parado hasta subir más de un metro, si lo intento yo tengo los tobillos inflamados una semana. Los cantos son armónicos e inquietantes, con tonos de voz metálicos y a coro, alternados con gritos de juerga.

* EL IDIOMA. Dos son los idiomas oficiales, el inglés y el swahili. Todos hablan un inglés muy correcto, con pronunciación muy abierta, muy fácil de comprender para los españoles. El swahili se pronuncia de forma muy parecida al español, abierta y tal y como se escribe, y su composición gramatical y verbal es sencilla. Por eso ellos esperarán que aprendas y utilices algunas palabras básicas, y les complacerá enormemente que las utilices, hay que hacerlo. Mis hijos llegaron a dominar bastantes y bastante guarras, los camareros y vendedores de recuerdos se partían de risa: "hakuna matata", no hay problema, "hakuna matiti", no hay tetas, "hakuna mbembo", no hay pene, las variaciones son infinitas. "Jambo" es hola, "abari ako" cómo estás, "mzuri" muy bien, "sambamba" estupendamente, "karibu" bienvenido, "asante" gracias, "asante sana" muchas gracias, "mambo salam", no hay problema. Ellos aprendieron a decir muchas más cosas, la que más éxito tenía la vieron en un diccionario: "sólo me quieres por el sexo". A cambio de estas enseñanzas, nuestro guía nos pidió aprender muchas expresiones de la calle en español, cuanto más explícitas mejor, eran garantía de juerga con sus próximos clientes.

* LOS ALOJAMIENTOS. En el safari hay dos tipos, lodges (bungalows) o tented camps (principescas tiendas de campaña permanentes). Todos los foros que visité recomendaban encarecidamente la tienda por aquello de oír a las fieras por la noche, en nuestro caso combinamos unos y otros. En todos ellos hay piscina, muy buena comida europea, africana e india, fogata por la noche para tomar la copa y demás, las instalaciones son siempre limpias, con buenos baños, muy lujosas si piensas lo difícil que debe ser llevar tantos pertrechos a zonas tan difíciles. A destacar el Sawela Lodge en Nakuru, una maravillosa pradera inglesa rodeada de preciosos bungalows. A destacar también el grupo de ocho nativos acuclillados en el césped, arrancando pacientemente a mano cada hierba que alteraba la pradera inmaculada. 

* LAS CARRETERAS. Algunas carreteras son amplias, pero no hay dinero para pintar las rayas, así que circulan más o menos como quieren, en dos o tres filas, adelantando donde les parece. La gran mayoría de la red está compuesta por carreteras descarnadas, llenas de baches, o simplemente pistas de tierra. Los parques están muy lejos unos de otros (unos 500 kms) y el traslado es bastante infernal. A destacar la pésima situación de los accesos a Masai Mara, incomprensible en un país que vive del turismo, pero a veces te da por pensar que es precisamente eso lo que mantiene el turismo limitado y los lugares auténticos. 

* LA ROPA. Hay que ahorrar sitio en la maleta a toda costa, no la rellenes de ropa que no vas  a usar. Lo mejor es la ropa tipo safari, manga larga y colores claros (por los mosquis), no olvides un gorro y gafas de sol. Varias mudas y muchos calcetines, y una pastilla de jabón Lagarto, una coladita a medio viaje viene bien. La toalla de esas de Decathlón supercomprimidas, van de maravilla.

* LAS COMPRAS. La moneda es el Schilling, 126 de ellos hacen un euro. No os esforcéis, sorprendentemente el cambio oficial es respetado en todos sitios, así que no conseguiréis mucho mejor cambio buscando por la calle. Eso sí, alguna vez os intentarán dar el cambio 1€=100 Sch. Cuando paguéis en euros, estad atentos y haced las cuentas bien. No tienen preferencia por el euro o el dólar, así que podéis sacar schillings en los cajeros y pagar con ellos, es más recomendable y así no arriesgáis en el cambio. Hay bastantes cajeros, el guía os llevará a uno cada vez que lo pidáis, en mi caso la Visa iba de maravilla (por desgracia), pero ví algunos cajeros rechazar la Master Card. Hay mucha, variada y maravillosa artesanía para comprar, especialmente tallas de madera de animales y de guerreros. Por supuesto, aunque te lo juren nunca es ébano, pero el trabajo es en sí precioso. También hay lanzas (desmontables para meter en la maleta), joyería de cuentas Masai, pareos rojos y morados de los que usan los guerreros, unos delicados muñequitos de gente de allí haciendo oficios tradicionales, y muchas cosas más. Las tiendas de recuerdos siempre están en penumbra, y no es casual: mira muy bien las figuras que compres, esa tiene un nudo en la madera, a esa se le rompió una oreja y se la repegaron, ese adjedrez tiene las piezas disparejas… cuando elijas una pieza, no la sueltes. Si queréis una bandera de Kenia compradla en los puestos, a nosotros nos pidieron ¡50 dólares! por una en el aeropuerto.

* REGATEOS Y PROPINAS. Dos costumbres que nos sacan de quicio a los occidentales, y que pirran a los kenianos y al tercer mundo en general. El regateo es allí costumbre, cultura, diversión y arte obligado, hay que ponerse a la altura. Te suelen decir que hay que ofrecer el 50% de lo que te pidan y empezar ahí el regateo, pero es mentira, el comienzo puede ser en el 20%, y el pago final, en el 40%, a veces en menos. Todo ello adornado con muchos gestos de "me vas a arruinar", "ahora me voy", "espera un poco", etc etc. Ellos juegan con ventaja porque tu autobús siempre está a punto de partir, pero prueba lo siguiente: aguanta hasta que entre en la tienda un nuevo grupo de turistas con pinta de querer comprar (mejor japoneses), tu vendedor empezará a bajar el precio para irse con ellos. La propina es en Kenia costumbre universal, en un país donde poca gente cobra un verdadero salario es el medio de subsistencia habitual. La aceptan y esperan en todos sitios, hasta en los más "oficiales": el mozo de las maletas, el director del hotel, el soldado que te escolta con su escopetón para ahuyentar a los hipopótamos, todos. Para llevar tus maletas al cuarto te acompañarán al menos tres personas, el vigilante nocturno llamará a tu puerta para recordarte que vela tus sueños, un camarero se pondrá de inmediato a tu servicio, todo el mundo te ayudará en la calle si necesitas algo. Todos esperan su propinilla, pero no la exigen ni te agobian: si cae bueno, si no, ¡akuna matata!, no por ello perderán su sonrisa. La propina "normal" son 100 sch. (unos 70 cts. de euro) pero si alguien te ha dado un servicio más largo y ha puesto interés, dale 200. Como véis es poquillo dinero, no se te va un presupuesto, el problema es que debes llevar los bolsillos llenos de billetes pequeños. Si alguien ha merecido una propina y no se la dáis veréis que vuestro guía se la da discretamente por vosotros ¡no dejéis que ocurra!.

* ENFERMEDADES Y MEDICINAS. Las guías contienen muchos consejos para evitar pillar allí una enfermedad como si fueras al mismísimo infierno de los virus, conozco gente que se echó atras de este viaje al leer esta lista de prevenciones. Hay que vacunarse de fiebre amarilla (aunque ya no existe en el país, te lo exigirán si de allí vas a Seychelles o a otros países) y tomar puntualmente el Malarone. No conviene beber agua ni hielos, ni fruta o verdura crudas. Defenderse de los mosquitos con repelentes, es buen consejo llevar en la maleta una mosquitera de urgencia (de Decathlon). Esta es la teoría, en nuestro caso dejamos de tomar la prevención antimalaria al quinto día (nos dolía la cabeza y te irritaba la lengua), y empezamos a comer ensaladas y fruta al segundo día. Al final ya comíamos con los dedos el Ugali (masa de maíz) que alguien había amasado con sus manos, y metíamos los dedacos en la fuente común de carnaza. Si alguien tuvo algún comienzo de caca, un Fortasec y solucionado. Quiero decir, que todo eso está muy bien, pero te relajas. Consejo: el Malarone es carísimo, 12 píldoras valen casi 50 € y en teoria tocamos a 15 por persona, así que trata por todos los medios de que te las recete el médico de cabecera, el de empresa o el que sea (no están obligados).

* GASTOS EXTRAORDINARIOS. Uno siempre cree que lleva el presupuesto cerrado y se propone no gastar mucho más en el viaje, qué iluso, eso nunca ocurre. Aquí hay gastos complementarios obligatorios, básicamente la tasa de entrada al país (50 € por persona) que cobran en la aduana, y la "propina" de vuestro guía en los safaris. Lo entrecomillo porque ese es en realidad su único salario, la agencia no le tiene en contrato, ni le paga nada. Lo habitual son 20€ por día (120€ por los seis), pero si ha sido agradable y ha reinado el buen rollo, no dudéis en subirlo hasta los 150. Aparte van por supuesto las excursiones, todas las que hicimos merecieron la pena, unos 20 € por persona.

* LLEVAR COSAS ALLÍ. La gente carece de casi todo, así que es buena idea llevar unas cosillas: un saquito de caramelos y otro de juguetillos para los críos, bolígrafos, pintaúñas para las niñas, lo que sea. Para anotarse un enorme puntazo es buena idea llevar unas camisetas del Barça y del Madrid de lo más barato que haya (de los chinos, del Rastro). Adoran nuestra liga, el que viste una de estas camisetas pasa de inmediato a ser un hombre respetado, así que si queréis cerrar una negociación difícil, o hacer un gran favor a vuestro guía o al chaval que os atendió en el hotel dadle una camiseta del Barça: se caerá de espaldas. Todo eso va en la maleta auxiliar que luego volverá llena de artesanías.

* LOS PAPELES Y EL EQUIPAJE. Esto es algo válido para todos los viajes, así que si sóis buenos y cuidadosos viajeros lo tendréis ya muy trillado: una maleta facturable y una mochila mediana por persona, y el líder (el pringao) una bolsa de cintura además. La documentación separada en tres folders (billetes de avión y vauchers de desplazamiento, hoteles y alojamientos, programa del viaje y seguros). El líder lleva todos los papeles, pasaportes, certificados de vacunación, tarjetas de embarque etc., de todo el grupo en su mochila y bolsa de cintura. Los demás se dedican a disfrutar y piden lo que les haga falta.

* MATERIAL FOTOGRÁFICO Y HARDWARE. Nosotros llevamos una cámara cada uno con tarjetas de 4 gb, y además un pequeño netbook y un disco externo. Durante los largos desplazamientos en autobús vas pasándolo todo al disco, corrigiendo las fotos, limpiando las tarjetas, te sirve de entretenimiento y adelantas el trabajo, qué pereza hacerlo al volver. Importante asunto, los enchufes. Usan el estándar británico, esos enormes enchufes de tres patas, no olvidéis llevar varios convertidores, allí son difíciles de conseguir, y luego por la noche hay mucho que enchufar: el Ipod, el netbook, los innumerables cargadores de pilas y móviles, el antimosquitos… Los móviles funcionan sin problemas. ¡Ah!, un olvido imperdonable que tuvimos: unos buenos prismáticos.

* EL ANIMO Y LA ACTITUD. Este es un viaje cansado y exigente, con muchas horas de avión y de autobús por malos caminos, así que hay que mantener una actitud positiva y abierta, y no agobiarse por los pequeños problemas que surgen. Si tienes alguna queja hazla constar educadamente, quédate con los papeles y luego transmítela a la agencia (a nosotros nos ha funcionado), pero no permitas que te amargue el viaje. Los alojamientos son espléndidos, así que todo lo que te canses lo descansarás sobradamente por la noche y al día siguiente verás que es todo tan bonito que el esfuerzo mereció bien la pena. Relájate con la gente, parecen dejados pero son eficaces, y sobre todo son simpáticos, habla con ellos y no vayas a la defensiva. Y ya se sabe, pase lo que pase, hakuna matata…