Tampoco pasamos mala noche en el feo hotel
Dei Pini, la nevera no hizo ruido porque no funcionaba y el desayuno no fue tan
horrible como cabía esperar, a excepción del zumo de polvitos, el mismo en
todos los hoteles, en Sicilia el zumo de naranja es rojo porque los polvitos
imitan a naranjas sanguinas.
Nuestra primera decisión del día, reconozco
que discutible, fue no visitar el Valle de los Templos de Agrigento, habíamos
leído en varios foros que aún siendo estupendo no es mejor que Segesta y
Selinunte y aún teníamos por delante 240 kilómetros que recorrer con varias
paradas obligatorias. Vimos el valle desde un parque de Agrigento y nos echamos
a la autopista, pesadísima de obras polvo y desvíos en este tramo. Las llanuras del interior de Sicilia están en
esta época muy resecas y amarillas, como las de España, solo en las montañas y
en la costa todo volvía a ponerse verde.
Enna es otro precioso pueblo fortificado y
medieval en lo alto de una montaña, lo mismo que Calascibetta, que se ve
enfrente desde los miradores. Tiene una catedral con maciza torre cuadrada,
complejo artesonado y un órgano inmenso, nos llamaron la atención las viejas
escaleras de palo de más de 20 metros de altura que tenían apoyadas en una
esquina para quitar las telarañas de los techos, Hay que tener narices para
subirse en ellas. Agradable paseo luego por las calles entre la gente que vive
su vida, llamativo el sistema de eliminación de basuras que usan aquí: la
señora descuelga desde el balcón una bolsa blanca y la deja ahí a media altura
hasta que pasa el basurero, todas esas bolsas hacen un rasgo decorativo más por
las callejuelas llenas de escaleras, motos y macetas de flores. Comemos en una
trattoría recomendada por las guías, abundante estupendo y barato como siempre.
Ya en ruta otra vez buscamos el lago de
Pergusa, donde dice la mitología que Hades raptó a Perséfone. Los sicilianos,
con poco respeto a ese romántico evento han construido un circuito de carreras
todo alrededor, imposibilitando el acceso salvo que te cueles por una puerta
rota, lo que hicimos. Según leo es el único sitio de Europa en el que crece
salvaje la planta del papiro, y en efecto los había, pero aún así el lago no
tiene más que agua verdosa y unos patitos, creo que esta visita es
prescindible.
Imprescindible es en cambio nuestra próxima
parada, madre mía, un top y un must, la villa romana de Casale y sus
impresionantes mosaicos, esto sí que no hay que perdérselo. Cuesta encontrarlo
porque hay que dar vueltas y revueltas por las carreterillas que bordean el
río, pero merece la pena. Hay muchos autobuses y una auténtica ciudad de
puestos de recuerdos en la antesala que recuerda a la zona del duty free cuando
vas a tomar el avión, pero en esta época no hay colas y se entra bien. Una vez
dentro vas pasando, de menos a más, por las cocinas y los cuartos de la
servidumbre (donde los mosaicos son geométricos y sencillos), los aposentos de
los señores con estupendas escenas de hombres cazando y señoras jugando, y
llegas al final a una especie de inmensa habitación alargada para recepciones y
compromisos oficiales con el suelo lleno de escenas de captura de animales
africanos y asiáticos para el circo que impresiona de verdad. Esta claro que al
artista le gustaban mas los animales que las personas, porque hombres y mujeres
aparecen en posturas repetidas y hieráticas, pero los animales son todo color y
movimiento: tigres, leones, leopardos, ñúes, allí peleando o comiéndose a algún
cazador, te quedas asombrado por su realismo y fidelidad, porque además el
artista no tenía fotos, lo hizo de memoria.
Nos cayó aquí una manta de agua respetable, y vimos que las viejas
cloacas romanas funcionaban perfectamente tragando tantos y tantos litros de
agua.

Siguiendo los consejos de otros viajeros nos
acercamos luego a Piazza Armerina, el pueblo que se encuentra cerca y que la
mayoría de los turistas dejan pasar. Es otra pequeña ciudad medieval en lo alto
de la colina con su catedral, su castillo y su vida apacible y provinciana, en
cada rincón te encuentras un encuadre que te dice algo, el paraíso del
fotógrafo. Creo que estos pueblos han sido lo mejor del viaje.

Al coche para el último tramo del dia y según
nos vamos acercando a Siracusa las nubes se apelotonan y van ennegreciendo el
cielo, empieza a caer y de repente, ya entrando en la ciudad el diluvio
universal, agua furiosa, ríos bajando por las calles y el coche anegado hasta
la panza en los cruces. No se ve nada, así que vagamos buscando el hotel por
las callejuelas próximas al puerto, preguntamos en otro hotel y nos dicen que
está lejos y difícil, no son capaces de dibujar el camino en el mapa. Al fin
entre la intuición, el móvil y el mapa, llegamos al UNA Hotel Wellness&SPA
bajo la lluvia y corremos con la maleta a la recepción. Este es como mínimo un
hotel “raro”. Bicicletas en la puerta, chicas en chándal en la recepción,
pasillos oscuros con fuentes y luces verdes. Es un hotel pensado para jóvenes parejas
vigoréxicas, tienen gimnasio gratuito, balneario en los sótanos y desayuno con
zumos de lechuga y remolacha y todo eso. A nosotros después del hotel Dei Pini
todo nos parece estupendo.

Siracusa es otra ciudad preciosa de Sicilia
(aún no hemos visto una fea), bien pegada al mar, tanto que el casco viejo está
construido en una isla unida a tierra solo por dos pequeños puentes. Para ver
una ciudad así lo mejor es hacerlo en barco, así que nos apuntamos a una
excursión turística por la costa. El precio son 20 euros pero la chica está
ansiosa por regatear, así que se regatea ella sola y nos lo deja finalmente en
10 por persona, sin que abramos la boca. Estupenda la excursión en un dia
fresco y soleado, nos lleva por las calas, las cuevas marinas (igualitas a las
de La Franca), y luego a ver la ciudad desde el mar, los palacios, los
fortines, y las “rocas que parecen cosas”: El Delfín, El Corazón, El Elefante, y
realmente lo parecen. Como italiano que es el chaval del timón enseguida
empieza a pegar la hebra y contarnos su vida, es pescador pero en verano se
apunta a esto y le pagan mucho mejor, y luego saca el móvil y nos enseña fotos
de toda su familia, la mujer, dos niñas, los padres, un pulpo de 15 kgs y una
pesca milagrosa de grandes sargos. Me encanta esta gente italiana, ¿lo he dicho
ya antes?.
Desembarcamos y empezamos la visita a pie de
la isla de Ortigia, el núcleo de la ciudad vieja, un fantástico pastiche de
estilos, civilizaciones y religiones, hay templos griegos y romanos, palacios
venecianos, sinagogas judías, teatros barrocos, baños árabes, catedrales, austeros
fuertes aragoneses, todo metido en una isla, en cada calle y en cada esquina
algo que admirar, tanto que ver y tan poco tiempo. Caemos cansadísimos y
aplanados por el sol en una terracita frente al mar y nos tomamos una cerveza
para recuperar un poco.
Y aquí estamos de nuevo tomando el coche y
saliendo hacia Catania, por suerte esta vez el destino no está lejos, a unos 50
kms por autopista, y además tenemos dos noches seguidas en el mismo hotel, una
ocasión para descansar y tomárnoslo con más calma, bueno, esperemos.
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