sábado, 24 de septiembre de 2016

Viaje a Sicilia III. Enna, Casale y Siracusa

Tampoco pasamos mala noche en el feo hotel Dei Pini, la nevera no hizo ruido porque no funcionaba y el desayuno no fue tan horrible como cabía esperar, a excepción del zumo de polvitos, el mismo en todos los hoteles, en Sicilia el zumo de naranja es rojo porque los polvitos imitan a naranjas sanguinas.

Nuestra primera decisión del día, reconozco que discutible, fue no visitar el Valle de los Templos de Agrigento, habíamos leído en varios foros que aún siendo estupendo no es mejor que Segesta y Selinunte y aún teníamos por delante 240 kilómetros que recorrer con varias paradas obligatorias. Vimos el valle desde un parque de Agrigento y nos echamos a la autopista, pesadísima de obras polvo y desvíos en este tramo.  Las llanuras del interior de Sicilia están en esta época muy resecas y amarillas, como las de España, solo en las montañas y en la costa todo volvía a ponerse verde.

Enna es otro precioso pueblo fortificado y medieval en lo alto de una montaña, lo mismo que Calascibetta, que se ve enfrente desde los miradores. Tiene una catedral con maciza torre cuadrada, complejo artesonado y un órgano inmenso, nos llamaron la atención las viejas escaleras de palo de más de 20 metros de altura que tenían apoyadas en una esquina para quitar las telarañas de los techos, Hay que tener narices para subirse en ellas. Agradable paseo luego por las calles entre la gente que vive su vida, llamativo el sistema de eliminación de basuras que usan aquí: la señora descuelga desde el balcón una bolsa blanca y la deja ahí a media altura hasta que pasa el basurero, todas esas bolsas hacen un rasgo decorativo más por las callejuelas llenas de escaleras, motos y macetas de flores. Comemos en una trattoría recomendada por las guías, abundante estupendo y barato como siempre.

Ya en ruta otra vez buscamos el lago de Pergusa, donde dice la mitología que Hades raptó a Perséfone. Los sicilianos, con poco respeto a ese romántico evento han construido un circuito de carreras todo alrededor, imposibilitando el acceso salvo que te cueles por una puerta rota, lo que hicimos. Según leo es el único sitio de Europa en el que crece salvaje la planta del papiro, y en efecto los había, pero aún así el lago no tiene más que agua verdosa y unos patitos, creo que esta visita es prescindible.

Imprescindible es en cambio nuestra próxima parada, madre mía, un top y un must, la villa romana de Casale y sus impresionantes mosaicos, esto sí que no hay que perdérselo. Cuesta encontrarlo porque hay que dar vueltas y revueltas por las carreterillas que bordean el río, pero merece la pena. Hay muchos autobuses y una auténtica ciudad de puestos de recuerdos en la antesala que recuerda a la zona del duty free cuando vas a tomar el avión, pero en esta época no hay colas y se entra bien. Una vez dentro vas pasando, de menos a más, por las cocinas y los cuartos de la servidumbre (donde los mosaicos son geométricos y sencillos), los aposentos de los señores con estupendas escenas de hombres cazando y señoras jugando, y llegas al final a una especie de inmensa habitación alargada para recepciones y compromisos oficiales con el suelo lleno de escenas de captura de animales africanos y asiáticos para el circo que impresiona de verdad. Esta claro que al artista le gustaban mas los animales que las personas, porque hombres y mujeres aparecen en posturas repetidas y hieráticas, pero los animales son todo color y movimiento: tigres, leones, leopardos, ñúes, allí peleando o comiéndose a algún cazador, te quedas asombrado por su realismo y fidelidad, porque además el artista no tenía fotos, lo hizo de memoria.  Nos cayó aquí una manta de agua respetable, y vimos que las viejas cloacas romanas funcionaban perfectamente tragando tantos y tantos litros de agua.

Siguiendo los consejos de otros viajeros nos acercamos luego a Piazza Armerina, el pueblo que se encuentra cerca y que la mayoría de los turistas dejan pasar. Es otra pequeña ciudad medieval en lo alto de la colina con su catedral, su castillo y su vida apacible y provinciana, en cada rincón te encuentras un encuadre que te dice algo, el paraíso del fotógrafo. Creo que estos pueblos han sido lo mejor del viaje.

Al coche para el último tramo del dia y según nos vamos acercando a Siracusa las nubes se apelotonan y van ennegreciendo el cielo, empieza a caer y de repente, ya entrando en la ciudad el diluvio universal, agua furiosa, ríos bajando por las calles y el coche anegado hasta la panza en los cruces. No se ve nada, así que vagamos buscando el hotel por las callejuelas próximas al puerto, preguntamos en otro hotel y nos dicen que está lejos y difícil, no son capaces de dibujar el camino en el mapa. Al fin entre la intuición, el móvil y el mapa, llegamos al UNA Hotel Wellness&SPA bajo la lluvia y corremos con la maleta a la recepción. Este es como mínimo un hotel “raro”. Bicicletas en la puerta, chicas en chándal en la recepción, pasillos oscuros con fuentes y luces verdes. Es un hotel pensado para jóvenes parejas vigoréxicas, tienen gimnasio gratuito, balneario en los sótanos y desayuno con zumos de lechuga y remolacha y todo eso. A nosotros después del hotel Dei Pini todo nos parece estupendo.

Siracusa es otra ciudad preciosa de Sicilia (aún no hemos visto una fea), bien pegada al mar, tanto que el casco viejo está construido en una isla unida a tierra solo por dos pequeños puentes. Para ver una ciudad así lo mejor es hacerlo en barco, así que nos apuntamos a una excursión turística por la costa. El precio son 20 euros pero la chica está ansiosa por regatear, así que se regatea ella sola y nos lo deja finalmente en 10 por persona, sin que abramos la boca. Estupenda la excursión en un dia fresco y soleado, nos lleva por las calas, las cuevas marinas (igualitas a las de La Franca), y luego a ver la ciudad desde el mar, los palacios, los fortines, y las “rocas que parecen cosas”: El Delfín, El Corazón, El Elefante, y realmente lo parecen. Como italiano que es el chaval del timón enseguida empieza a pegar la hebra y contarnos su vida, es pescador pero en verano se apunta a esto y le pagan mucho mejor, y luego saca el móvil y nos enseña fotos de toda su familia, la mujer, dos niñas, los padres, un pulpo de 15 kgs y una pesca milagrosa de grandes sargos. Me encanta esta gente italiana, ¿lo he dicho ya antes?.

Desembarcamos y empezamos la visita a pie de la isla de Ortigia, el núcleo de la ciudad vieja, un fantástico pastiche de estilos, civilizaciones y religiones, hay templos griegos y romanos, palacios venecianos, sinagogas judías, teatros barrocos, baños árabes, catedrales, austeros fuertes aragoneses, todo metido en una isla, en cada calle y en cada esquina algo que admirar, tanto que ver y tan poco tiempo. Caemos cansadísimos y aplanados por el sol en una terracita frente al mar y nos tomamos una cerveza para recuperar un poco.












Y aquí estamos de nuevo tomando el coche y saliendo hacia Catania, por suerte esta vez el destino no está lejos, a unos 50 kms por autopista, y además tenemos dos noches seguidas en el mismo hotel, una ocasión para descansar y tomárnoslo con más calma, bueno, esperemos.

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